


Un estudio realizado durante siete años en la isla Rey Jorge reveló cómo las únicas dos plantas vasculares nativas del continente responden de manera diferente al calentamiento y a las condiciones extremas.
La Antártida tiene una biodiversidad vegetal limitada por sus temperaturas extremas, los fuertes vientos y los ciclos de congelamiento y deshielo. En este ambiente, solamente dos especies de plantas vasculares nativas logran desarrollarse de manera natural: Deschampsia antarctica, conocida como hierba antártica, y Colobanthus quitensis, denominada perla antártica.
Un equipo de investigadores estudió durante siete años la respuesta de ambas especies frente a un aumento sostenido de la temperatura en la isla Rey Jorge, en la Antártida marítima. Para hacerlo, utilizaron cámaras de techo abierto que generan un calentamiento pasivo sin sacar a las plantas de su ambiente natural.
Los resultados mostraron que las dos especies adoptaron estrategias prácticamente opuestas. La Deschampsia antarctica redujo la capacidad de transportar agua hacia sus hojas y también disminuyó su actividad fotosintética. Los investigadores interpretaron esta respuesta como una estrategia más conservadora, orientada a priorizar la estabilidad y la seguridad hidráulica.
La Colobanthus quitensis, en cambio, respondió de manera diferente: aumentó el transporte de agua, la fotosíntesis y la circulación de dióxido de carbono. Además, presentó modificaciones en la estructura vascular y en la elasticidad de sus paredes celulares, características que podrían favorecer su capacidad de adaptación a las nuevas condiciones.
DOS FORMAS DE SOBREVIVIR AL CAMBIO
Los científicos consideran que estas diferencias ayudan a explicar cómo ambas especies pueden coexistir en uno de los ambientes más extremos del planeta sin responder de la misma manera a los cambios ambientales.
La investigación, publicada en Physiologia Plantarum, plantea que no existe una única estrategia para enfrentar el calentamiento. Mientras la hierba antártica prioriza la estabilidad, la perla antártica muestra una mayor plasticidad fisiológica.
El estudio aporta nuevos datos para comprender cómo podría cambiar la vegetación de la Antártida en las próximas décadas y qué mecanismos permiten que estas dos especies sobrevivan frente a condiciones ambientales cada vez más variables.